Ayer me despertaba con una noticia en ABC cuyo titular rezaba:
En el cuerpo de la noticia, una de las píldoras que se puede leer es:
El Ministerio de Igualdad de Bibiana Aído, a través del Instituto de la Mujer, continúa dilapidado cientos de miles de euros destinados a la «realización de investigaciones relacionadas con estudios feministas, de las mujeres y del género».
<modo ironic on> Claro, es normal, que un “Ministerio inservible” lapide el dinero público y lo haga estudiando la salud sexual y reproductiva de las mujeres, que no deja de ser algo absurdo. <modo ironic off>
Después de leer la noticia, la retuitee y las cosas del Twitter, ABC.es me respondió y me dijo:
La verdad es que un medio conservador hable de “dudosa utilidad” sobre la sexualidad de una mujer no me sorprende pero sí me fastidia, sobre todo, porque esta no es la forma de entender que la sexualidad forma parte de la salud integral de las personas, sea mujer u hombre y que, también, hay que hablar de la salud sexual y reproductiva, sobre todo de la mujer, la cual ha estado y sigue estando silenciada, porque, por norma, el sexo de la mujer sólo tenía (y a veces, tiene) un sólo objetivo, la procreación.
¿En qué consiste la educación sexual? Éste es el primer interrogante que plantean muchas familias. No lo saben, porque no lo han preguntado o porque no se les ha explicado. Otros muchos sí lo saben, como explican los expertos que organizan encuentros informativos con padres. Responde Carlos de la Cruz, director de Máster de Sexología de la Universidad Camilo José Cela, que lleva además 20 años dando charlas de este tema. “Es enseñar a los alumnos a conocerse, lo que es la reproducción y el placer; a aceptarse a sí mismos como hombres y mujeres y también al otro. Pero aprender a tener una erótica satisfactoria no significa que se les diga lo que tienen que hacer. Una cosa es explicar lo que es la masturbación o el coito y otra decirles que lo tienen que hacer. A lo que se les enseña es a tomar sus propias decisiones”.De la Cruz añade un interesante apunte: “La educación sexual buena es compatible con los centros públicos, privados católicos, privados laicos… con cualquier ideología, porque no aporta doctrina sino exclusivamente información. No es sólo explicar lo que se hace entre genitales, es educar para evitar el sexismo, a aprender a expresar las emociones, a relajar el cuerpo…”.



