Las mujeres aprendimos ya hace mucho tiempo que, cuando son los demás los que deciden por nosotras, nunca llega el momento de hablar de nosotras.
Las políticas de igualdad en España tienen como objetivo fundamental lograr la igualdad pero, también, la libertad y, también, reivindicar la dignidad y el derecho de las mujeres a decidir sobre sus vidas.
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Por supuesto, la imagen de la mujer entre los hombres, y entre ellas mismas, es cambiante, no somos grupos homogéneos, ni mucho menos. Pero dentro del amplio abanico de opiniones, domina el aprecio de las cualidades humanas de la mujer como individuo autónomo que es también compañera del hombre y le supera a veces. La vida humana toda sería sin ellas incomprensible. No necesitan elogios que son más bien agravios interesados, como ese de la cuota.
Porque la cuota es degradante: consiste en reducir la mujer al sexo. Claro que es sexo, también el hombre: el sexo es un integrante de la vida humana. Pero hay otras muchas cosas además, en la mujer y en el hombre. Para esa nueva ideología la mujer es un puro objeto sexual que recibe permiso legal para no concebir o para matar lo que ha concebido. Y lograr puestos en la sociedad sólo su sexo. ¡Vaya igualdad, comportarse y triunfar en la vida sólo por el sexo! Negando, de paso, su singularidad. Es artificial y degradante. Como que el hombre pague más pena por igual delito. Esas progres han comenzado exaltando los valores femeninos y humanos reprimidos por el prejuicio, para acabar exigiendo como pasaporte único su sexo. Es un mundo solo sexual el que proponen, a ello se sacrifica todo. Junto al machismo, que subordinaba todo al ser macho, han creado el hembrismo. Y han olvidado lo central, el ser hombre, con sus dos variantes. Es, después de todo, lo primero, en ello sí que está nuestra igualdad. No voy a discutir lo diferente, pero el ser humano es lo que nos une.
Con ellas, la mujer queda reducida a la hembra, a una hembra no reproductiva; el macho, al individuo agresivo. Hay la píldora que evita la concepción, hay el aborto libre.
Esa sí que sufre toda ella. Hablo del sufrimiento humano de quienes padecen por ese homicidio que una ideología ignorante, mentirosa, miserable trata de justificar. Pero, además, una vez que se generalicen esas prácticas, ¿qué será de nuestra sociedad? Porque ésta ya no puede sostenerse con un crecimiento de 1´3 por ciento por cada mujer. Ahora, por la no concepción o el aborto, que causa ya un millón de muertos, más que una guerra, cada año, está cada vez más amenazada. ¿Es que quieren que disminuya más España, que ya disminuye bastante, o quieren dejar más hueco al emigrante, que también tiene bastante? ¿Eso es desarrollo, mejora social, libertad?
Él que reduce las reivindicaciones de muchas mujeres a una cuestión médica y sexual, olvidando que las mujeres no tenemos como principio de vida el de procrear, aunque en otras épocas fuera así…
Me gustaría decirle que:
Yo, que soy LA que soy ELLA, que soy de esas “progres” que él trata despectivamente en su artículo, seguiré pidiendo igualdad y seguiré denunciando a hombres y mujeres que prefieren mirar hacia otro lado porque con dinero todo se paga y porque reclaman silencios ante realidades para tener su moral tranquila.
Hagamos lo que tenemos que hacer como sociedad.
Apostemos por una educación sexual sin perjuicios ni estereotipos.
Hagámosles accesibles los anticonceptivos y compartamos con ellas su forma de pensar y vivir.
Si realmente queremos proteger a las mujeres más jóvenes de nuestra sociedad, no les juzguemos, ayudémoslas.
Ayudémoslas para que cuando lo tengan difícil, cuando tengan que pasar por tragos nadie las juzgue, tengan el mismo derecho que todas a tener un asesoramiento profesional, las mismas garantías y el apoyo de toda una sociedad.
Cerremos la puerta a cualquier rendija de clandestinidad por un perjuicio o, de nuevo, por juzgarles.
Leire Pajín, Secretaria de Organización del PSOE.


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