Yo apoyo a Garzón

Allá por 2004, en Huelva, el PSOE de Andalucía, con motivo del Día de la Mujer, hizo un acto en el que reconocían la trayectoria de lucha vital de ocho mujeres, una por provincia.

Por Córdoba, se decidió que fuera Catalina Amaro Quintana, una mujer de Belmez, que tiene hoy cerca de 90 años y cuyo marido fue encarcelado por rojo durante la Dictadura franquista.

Para preparar su presentación en Huelva, Catalina  y yo, quedamos varios días en una casa histórica de mi pueblo, la casa de Pedro Rodríguez Cantero. La madre de Pedro estaba allí. Era una señora que “había tenido suerte” durante la Guerra y la Dictadura pero aún así no lo parecía.

Estaba muy mayor y débil, excesivamente delgada y ya le costaba moverse, sin embargo, Catalina, por aquellos años, desprendía vitalidad y contaba cómo fue su vida con energía, con ganas, transmitiendo por encima de todo que aquello no se debía repetir.

Catalina me contaba cómo la madre de Pedro le había ayudado durante la Guerra. Aún, en aquella casa había algún mueble que perteneció a Catalina y del que se tuvo que deshacer para ir al encuentro de su marido, mientras a éste le iban llevando de una cárcel a otra, por rojo.

En uno de los encuentros que tuvieron, Catalina se quedó embaraza. Ambos, estaban muy ilusionados por su hija.

Catalina iba a cada una de las visitas que conseguía para ver a su marido con su hija, aquella niña que había nacido con un padre en la cárcel y cuyo único delito había sido tener unas ideas políticas.

Una de las últimas cárceles que visitó Catalina fue la de Burgos. La madre esperaba con su hija en brazos para poder ver a su marido y que éste estuviera con su hija.

De aquellos fríos la niña se puso malita, finalmente, falleció.

Era impresionante ver a Catalina, con los ojos muy abiertos y brillantes, con los brazos abiertos, temblorosos por la tensión, y puestos en cruz, contándome, como su marido cuándo se enteró, se puso de rodillas en un patio de la cárcel y dijo con un grito desgarrado: “Llévame a mi pero no a mi hija”.

El marido de Catalina salió de la cárcel y él y ella, pudieron rehacer su vida, pero sin su hija.

Catalina nunca se ha recuperado de ello, sigue echándola de menos y en su habitación nunca falta la foto de su hija.

Esta es una de las muchas historias que hay de la Guerra Civil y de la Dictadura española.

Os podía contar otra:

Juan Rivera Lozano, belmezano, fue Teniente de Alcalde del Ayuntamiento de su pueblo y fue fusilado en 1940. Según me contó una de sus hijas, fue asesinado por rebelión militar.

Su familia, además, de tener que pasar el doloroso trago del asesinato del marido y padre, tuvo que pagar una multa de 200 Pesetas de la época por cometer el delito que antes mencioné (rebelión militar).

Juan tenía 52 años cuando lo mataron y 69 años después, por la lucha de la familia y amigos, junto a compañer@s y el Ayuntamiento de Hinojosa, han conseguido que Juan tenga un lugar cerca de la fosa donde está. Un lugar donde sus hijas puedan ir a llorarle, un lugar donde homenajear al Socialista luchador que fue.


Estas son dos historias, dos familias rotas por la Dictadura, la misma que ha intentado investigar el Juez Garzón y por lo que está siendo acusado.

Las muertes por la Dictadura de Franco forman parte de la historia de nuestro país. Muchos de estos muertos no se saben dónde están.

Las familias quieren enterrar a sus muertos y quieren un resarcimiento por aquello que ocurrió, por el sufrimiento, el olvido, el silencio …

¿Por qué se pretende silenciar la historia de un país y que caiga en el olvido?

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A propósito, hoy es 14 de abril.
El marido de Catalina tenía una lista de Socialistas Belmezanos que guardó en una cajita de betún y la guardó en una pared del patio de su casa.
Esa lista la buscaron, para poder tener “algo más” para acusarlo por rojo. No la encontraron.