Parece ser que después del debate de ayer, el pacto entre PP y PSOE es más complicado, o eso dicen muchos de los titulares y artículos que se han escrito hoy; pero lo cierto, es que el PSOE lleva tendiendo la mano al PP hace meses y éste parece que no se decide a coger el guante.
Prueba de ello ha sido el debate que ha tenido lugar hoy en la Cadena Ser, entre Elena Valenciano y Esteban González Pons. En él, González Pons ha comenzado haciendo una afirmación que creo deja muy clara la apuesta del PP:
Lo que necesitan los ciudadanos son decisiones, no pactos entre políticos.
He escuchado esta mañana a González Pons nervioso, sin argumentos, sin dejar hablar a Elena Valencianos pero, además, me ha llamado mucho la atención que haya pretendido llevar el debate a que el PP es el centro del Gobierno y de la Cámara, minimizando el debate político que debe haber en las Cámaras y el que debe practicar el Gobierno con el principal grupo de la oposición y los demás grupos que conforman el arco parlamentario.
Es cierto que estamos en momentos muy complejos, en los que el diálogo y la responsabilidad de cada uno de los sectores es fundamental, pero parece ser que el PP, más allá de sus argumentarios políticos, no es capaz de gestionar su posición como oposición y ser conscientes de que es un momento de acuerdos y consensos políticos que faciliten la toma de decisiones que pueden marcar nuestro presente y llevarnos a un mejor futuro.
Podéis escuchar el debate completo aquí.
Este fin de semana leía a varios periodistas recomendar en Twitter un artículo de Elmundo.es titulado “Periodistas… ¿o niños de papá?.”
Yo no soy periodista ni me voy a atrever hablar sobre la situación del periodismo pero, sí como lectora, me gustaría decir que no me ha parecido el momento para escribir ese artículo porque en un país dónde han muerto tantas personas y dónde se está intentando que tenga unos mínimos alimenticios, de salubridad, de dignidad, …, creo que los que están allí, los que nos están contando lo que ocurre, deben de hacer una labor pedagógica y de sensibilización que no nos haga olvidar dentro de unos meses que Haití sigue ahí y sigue necesitando nuestra ayuda, es decir, no creo que ahora sea el momento para sacar a relucir los trapos sucios.
Yo no sé con quién ni con cuantos periodistas estará compartiendo su dura estancia Jacobo G. García en Haití, pero sí he escuchado y he visto a compañeros suyos salir por otros lugares que no son la propia capital y no sé de que marca ni cómo son las maletas de los periodistas que están allí, ni sé cuánto puede costar cada uno de los equipos que usan pero creo que en situaciones tan excepcionales las reacciones pueden ser imprevisibles y no creo que sea tal locura que sus compañeros y compañeras quieran estar en lugares oficiales, donde se sientan más protegidos, a la vez, que, quizás, por seguridad, desde el Gobierno de España se le haya pedido cautela y prudencia en sus movimientos.
En mi segundo post sobre Haití lo escribí: “creo que los que no estamos allí, nunca seremos capaces de imaginar lo que allí ha ocurrido y está ocurriendo” pero creo que, los que allí están, no deben hacernos mirar para otros lugares que no sean los haitianos, las haitianas y la construcción de un país desaparecido (o que nunca llegó a ser tal).
Desde que ocurrió el terremoto en Haití no se me van de la cabeza lo que han tenido que vivir y lo que están viviendo todos los haitianos y haitianas.
El sábado, viendo un especial de Informe Semanal sobre Haití no dejaba de pensar que nunca seremos capaces de entender ni sabremos que es lo que allí, en Haití, está pasando.
Un país con una historia dura, un país lleno de luchadores, luchadoras y, sobre todo, supervivientes.
Los haitianos y haitianas han sido constantemente golpeados por la corrupción, la dictadura o la naturaleza pero ahí siguen, siguen sobreviviendo.
Ayer lei un post de Elena Valenciano con el que me sentí muy identificada. Tiene la rabia, la indignación y la impotencia de saber que lo que allí está pasando es duro, es inimaginable e inenarrable, como le ocurre a los periodistas que allí están.
Ese post sólo puedo compartirlo, compartirlo para que entre todos gritemos que Haití necesita ayuda pero no sólo para la supervivencia de sus gentes y para ser reconstruido, sino necesita que cooperemos con ellos para que, de una vez por todas, puedan tener un Estado que no los traicione y que les dé más seguridad.
La noche del terremoto en Haití y la siguiente no pude dormir. Como mucha gente, tenía metida en la retina el sufrimiento de ese pueblo. Y me desesperaba pensar lo poco que hago para luchar contra la fatal injusticia que es la pobreza.
Conocí Haití, pero aprendí a quererlo, como tantas otras realidades, a través de los ojazos y el trabajo de mi hermana pequeña, Marta. Es veterinaria y epidemióloga y siempre estuvo comprometida con la tarea científica a favor del desarrollo. Con ella y con Paloma -mi otra hermana- conocí Haití y a su gente. Cuando Marta se casó, hicimos tod@s una colecta para comprar vacas para las mujeres haitianas y estas noches me acordaba de ellas.
Durante mis insomnios no se me ocurría nada peor que lo que estaban viviendo los haitianos. El comentario de Munilla en la SER me pareció infame. Por eso, al levantarme muy temprano el viernes, escribí ese post que me salió, esta vez sí, del alma.
Las palabras de Munilla no son inocentes, no son sólo una torpeza. Traducen el absurdo pensamiento de la jerarquía católica española, alejada del sufrimiento de la gente y de su realidad. ¿¿¿Qué es peor la pobreza espiritual que la muerte de tanta gente inocente???? Y, acompañando esa cruel reflexión sus opiniones “oficiales” que machacan a los pueblos más dependientes y desasistidos: no al preservativo, no a las políticas de salud y sexualidad, no a la liberación de las mujeres, no al pensamiento laico, no a la iglesia de base ni a la teología de la liberación… Sí a la resignación cristiana para los pobres porque Dios les compensará en el otro mundo, etc.
Por eso me indignó lo que dijo, porque conecta con el mensaje más terrible de la Iglesia católica. Por que él es uno de los representantes de lo peor de esa Iglesia. Muchas veces les escucho, lo pienso, y me callo, pero esa mañana no lo pude soportar. Y esa es la historia del anterior post que tanta polvareda ha levantado.
Ayuda a Haití: Help Haití

