Y aunque quedara "sólo" una.

On 20 octubre, 2010, in Política, by Fatima Ramirez

Hace aproximadamente un mes, conocíamos que la Junta de Andalucía iba a aprobar un Decreto para la reparación de las mujeres que sufrieron vejaciones durante la Guerra Civil y los primeros años de la dictadura.
Ante esto, los
dirigentes del Partido Popular, como siempre, criticaron la medida y aducieron argumentos muy poco consistentes, que pretendían esconder el sufrimiento que pasaron muchas mujeres durante aquellos años y como víctimas silenciadas de conflictos (igual que sigue ocurriendo hoy).
Al hilo de las declaraciones del Partido Popular, Mª José Rodríguez Ramírez, Secretaria de Economía del PSOE de Andalucía, ha escrito un artículo que me ha parecido muy interesante y que os dejo aquí:

Cuesta trabajo entender, una vez más –y son ya tantas–, la reacción de los responsables del PP ante noticias como la que conocíamos hace semanas en relación al Decreto aprobado por la Junta de Andalucía para la reparación de las mujeres que sufrieron vejaciones durante la Guerra Civil y los primeros años de la dictadura.

Una reacción que ha sido coreada por algunos medios conservadores hasta incurrir en la contradicción, lo que demuestra la incomodidad que asalta a la derecha de este país, incapaz de romper amarras con un pasado que les sigue dictando la posición política tras décadas ya de democracia.
Con la misma ligereza y frivolidad con la que acusan al PSOE de estrategia electoralista, dirigida a la (cómo no) compra de votos, sostienen, en cambio, que otras ayudas similares aprobadas anteriormente y destinadas también a víctimas de encarcelamiento y confinamientos en campos de concentración no se están concediendo con la diligencia que es debida y se apoyan incluso para este reproche en algún informe elaborado por el Defensor del Pueblo. Desmontado por falso, por tanto, el objetivo de electoralismo.

Desde el mismo sectarismo que dicen que anima al Gobierno andaluz en su iniciativa, afirman, en cambio, que ya no hay mujeres que se vayan a beneficiar de estas ayudas o, en un alarde de autoridad en la materia, llegan incluso a ridiculizar (¿por insuficiente acaso?) una cantidad que no hace falta ser muy avispado para entenderla en su valor simbólico. Todo ello en un intento, tan torpe como revelador, de oponerse a la medida eludiendo los verdaderos motivos de tal rechazo.
Son los mismos que un día después de aprobarse este decreto, votaban en contra de una moción en el Senado que era apoyada por el resto de los grupos de la Cámara y que pedía algo tan obvio, y por ello tan necesario, como la adecuación del Valle de los Caídos a la Ley de la Memoria Histórica. Una actuación que difícilmente pueda ser cuestionada por un demócrata pero que, en cambio, recibió del PP una negativa airada. Quien ejercía de portavoz de lo indefendible tuvo que esforzarse, sin éxito, en ejercicios de equilibrismo que, sin embargo, no le impidieron minimizar el sufrimiento de los presos republicanos que fueron forzados a trabajar en su construcción aludiendo a que “sólo hubo 2.500” y no decenas de miles como apuntan otras cifras.

No es ajena a esta burda reacción de quiénes no pueden evitar darse por aludidos y señalados por el pasado, una buena dosis de machismo, ahora con carácter retroactivo, en otros muchos que, negando con sus críticas la pertinencia de esta medida, no hacen sino otorgar una condición de víctimas de segunda categoría a tantas y tantas mujeres que sufrieron un trato degradante que adquiría formas específicas porque la represión se ejercía sobre las mujeres.
Aunque lo más obsceno que se puede hacer ante episodios de nuestra historia como éstos es despacharse con una comparación que, más que eso, es un insulto a la inteligencia, entre aquellas vejaciones impulsadas y amparadas por el régimen franquista y hechos delictivos que se producen en la actualidad y que nada tienen que ver con aquello y que, en cualquier caso, encuentran su respuesta en la ley y en la acción de la justicia en un Estado social y democrático de Derecho.

Es por tanto una deuda doble la que se salda con el pasado a través de este Decreto aprobado por el Gobierno andaluz. El fascismo se cebó con la parte más vulnerable del bando republicano y muchas mujeres y sus familias soportaron el rigor del odio más cobarde. Un reconocimiento necesario por justo y porque sólo desde él se podrá avanzar y dejar cerradas y atrás las heridas que el silencio no cura. Así que bienvenida sea esta actuación del Gobierno andaluz, que además nos enseña una parte de la historia de muchas mujeres. Pues para reconocerla, previamente es preciso conocerla.

Yo apoyo a Garzón

On 14 abril, 2010, in Ciberactivismo, Muy personal, Política, by Fatima Ramirez

Allá por 2004, en Huelva, el PSOE de Andalucía, con motivo del Día de la Mujer, hizo un acto en el que reconocían la trayectoria de lucha vital de ocho mujeres, una por provincia.

Por Córdoba, se decidió que fuera Catalina Amaro Quintana, una mujer de Belmez, que tiene hoy cerca de 90 años y cuyo marido fue encarcelado por rojo durante la Dictadura franquista.

Para preparar su presentación en Huelva, Catalina  y yo, quedamos varios días en una casa histórica de mi pueblo, la casa de Pedro Rodríguez Cantero. La madre de Pedro estaba allí. Era una señora que “había tenido suerte” durante la Guerra y la Dictadura pero aún así no lo parecía.

Estaba muy mayor y débil, excesivamente delgada y ya le costaba moverse, sin embargo, Catalina, por aquellos años, desprendía vitalidad y contaba cómo fue su vida con energía, con ganas, transmitiendo por encima de todo que aquello no se debía repetir.

Catalina me contaba cómo la madre de Pedro le había ayudado durante la Guerra. Aún, en aquella casa había algún mueble que perteneció a Catalina y del que se tuvo que deshacer para ir al encuentro de su marido, mientras a éste le iban llevando de una cárcel a otra, por rojo.

En uno de los encuentros que tuvieron, Catalina se quedó embaraza. Ambos, estaban muy ilusionados por su hija.

Catalina iba a cada una de las visitas que conseguía para ver a su marido con su hija, aquella niña que había nacido con un padre en la cárcel y cuyo único delito había sido tener unas ideas políticas.

Una de las últimas cárceles que visitó Catalina fue la de Burgos. La madre esperaba con su hija en brazos para poder ver a su marido y que éste estuviera con su hija.

De aquellos fríos la niña se puso malita, finalmente, falleció.

Era impresionante ver a Catalina, con los ojos muy abiertos y brillantes, con los brazos abiertos, temblorosos por la tensión, y puestos en cruz, contándome, como su marido cuándo se enteró, se puso de rodillas en un patio de la cárcel y dijo con un grito desgarrado: “Llévame a mi pero no a mi hija”.

El marido de Catalina salió de la cárcel y él y ella, pudieron rehacer su vida, pero sin su hija.

Catalina nunca se ha recuperado de ello, sigue echándola de menos y en su habitación nunca falta la foto de su hija.

Esta es una de las muchas historias que hay de la Guerra Civil y de la Dictadura española.

Os podía contar otra:

Juan Rivera Lozano, belmezano, fue Teniente de Alcalde del Ayuntamiento de su pueblo y fue fusilado en 1940. Según me contó una de sus hijas, fue asesinado por rebelión militar.

Su familia, además, de tener que pasar el doloroso trago del asesinato del marido y padre, tuvo que pagar una multa de 200 Pesetas de la época por cometer el delito que antes mencioné (rebelión militar).

Juan tenía 52 años cuando lo mataron y 69 años después, por la lucha de la familia y amigos, junto a compañer@s y el Ayuntamiento de Hinojosa, han conseguido que Juan tenga un lugar cerca de la fosa donde está. Un lugar donde sus hijas puedan ir a llorarle, un lugar donde homenajear al Socialista luchador que fue.


Estas son dos historias, dos familias rotas por la Dictadura, la misma que ha intentado investigar el Juez Garzón y por lo que está siendo acusado.

Las muertes por la Dictadura de Franco forman parte de la historia de nuestro país. Muchos de estos muertos no se saben dónde están.

Las familias quieren enterrar a sus muertos y quieren un resarcimiento por aquello que ocurrió, por el sufrimiento, el olvido, el silencio …

¿Por qué se pretende silenciar la historia de un país y que caiga en el olvido?

_____

A propósito, hoy es 14 de abril.
El marido de Catalina tenía una lista de Socialistas Belmezanos que guardó en una cajita de betún y la guardó en una pared del patio de su casa.
Esa lista la buscaron, para poder tener “algo más” para acusarlo por rojo. No la encontraron.

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Las 13 rosas: 13 historias que no consiguieron silenciar

On 5 agosto, 2009, in Política, by Fatima Ramirez
Un 5 de agosto de 1939, 13 chicas de las Juventudes Socialistas Unificadas (JSU) fueron asesinadas por la Dictadura franquista:

“Peque, nos han puesto pena de muerte”

Carmen Barrero Aguero (20 años, modista). Trabajaba desde los 12 años, tras la muerte de su padre, para ayudar a mantener a su familia, que contaba con 8 hermanos más, 4 menores que ella. Militante del PCE, tras la guerra, fue la responsable femenina del partido en Madrid. Fue detenida el 16 de mayo de 1939.

Martina Barroso García (24 años, modista). Al acabar la guerra empezó a participar en la organización de las JSU de Chamartín. Iba al abandonado frente de la Ciudad Universitaria a buscar armas y municiones (lo que estaba prohibido). Se conservan algunas de las cartas originales que escribió a su novio y a su familia desde la prisión.

Blanca Brisac Vázquez (29 años, pianista). La mayor de las trece. Tenía un hijo. No tenía ninguna militancia política. Era católica y votante de las derechas. Fue detenida por relacionarse con un músico perteneciente al Partido Comunista. Escribió una carta a su hijo la madrugada del 5 de agosto de 1939, que le fue entregada por su familia (todos de derechas) 16 años después. La carta aun se conserva.

Pilar Bueno Ibáñez (27 años, modista). Al iniciarse la guerra se afilió al PCE y trabajó como voluntaria en las casas-cuna (donde se recogía a huérfanos y a hijos de milicianos que iban al frente). Fue nombrada secretaria de organización del radio Norte. Al acabar la guerra se encargó de la reorganización del PCE en ocho sectores de Madrid. Fue detenida el 16 de mayo de 1939.

Julia Conesa Conesa (19 años, modista). Nacida en Oviedo. Vivía en Madrid con su madre y sus dos hermanas. Una de ellas murió de pena (por la muerte de su novio en las guerrillas) estando ella detenida. Se afilió a las JSU por las instalaciones deportivas que presentaban a finales de 1937 donde se ocupó de la monitorización de estas. Pronto se empleó como cobradora de tranvías, ya que su familia necesitaba dinero, y dejó el contacto con las JSU. Fue detenida en mayo de 1939 siendo denunciada por un compañero de su “novio”. La detuvieron cosiendo en su casa.

Adelina García Casillas (19 años). Militante de las JSU. Hija de un guardia civil viudo. Le mandaron una carta a su casa afirmando que sólo querían hacerle un interrogatorio rutinario. Se presentó de manera voluntaria, pero no regresó a su casa. Ingresó en prisión el 18 de mayo de 1939.

Elena Gil Olaya (20 años). Ingresó en las JSU en 1937. Al acabar la guerra comenzó a trabajar en el grupo de Chamartín.

Virtudes González García (18 años, modista). Amiga de María del Carmen Cuesta (15 años, perteneciente a las JSU y superviviente de la prisión de Ventas). En 1936 se afilió a las JSU, donde conoció a Vicente Ollero, que terminó siendo su novio. Fue detenida el 16 de mayo de 1939 denunciada por un compañero suyo bajo tortura.

Ana López Gallego (21 años, modista). Militante de las JSU. Fue secretaria del radio de Chamartín durante la Guerra. Su novio, que también era comunista, le propuso irse a Francia, pero ella decidió quedarse con sus tres hermanos menores en Madrid. Fue detenida el 16 de mayo, pero no fue llevada a la cárcel de Ventas hasta el 6 de junio. Se cuenta que no murió en la primera descarga y que preguntó “¿Es que a mi no me matan?”.

Joaquina López Laffite (23 años). En septiembre de 1936 se afilió a las JSU. Se le encomendó la secretaría femenina del Comité Provincial clandestino. Fue denunciada por Severino Rodríguez (número dos en las JSU). La detuvieron el 18 de abril de 1939 en su casa, junto a sus hermanos. La llevaron a un chalet. La acusaron de ser comunista, pero ignoraban el cargo que ostentaba. Joaquina reconoció su militancia durante la guerra, pero no la actual. No fue conducida a Ventas hasta el 3 de junio, a pesar de ser de las primeras detenidas.

Dionisia Manzanero Salas (20 años, modista). Se afilió al Partido Comunista en abril de 1938 después de que un obús matara a su hermana y a unos chicos que jugaban en un descampado. Al acabar la guerra fue el enlace entre los dirigentes comunistas en Madrid. Fue detenida el 16 de mayo de 1939.

Victoria Muñoz García (18 años). Se afilió con 15 años a las JSU. Pertenecía al grupo de Chamartín. Era la hermana de Gregorio Muñoz, responsable militar del grupo del sector de Chamartin de la Rosa. Llegó a Ventas el 6 de junio de 1939.

Luisa Rodriguez de la Fuente (18 años, sastra). Entró en las JSU en 1937 sin ocupar ningún cargo. Le propusieron crear un grupo, pero no había convencido aun a nadie más que a su primo cuando la detuvieron. Reconoció su militancia durante la guerra, pero no la actual. En abril la trasladaron a Ventas, siendo la primera de las Trece Rosas en entrar en la prisión.


Documental: “Del olvido a la memoria – Las 13 rosas” (parte 2, parte 3, parte 4, parte 5, parte 6, parte 7, parte 8, parte 9)

“Olvidar no es bueno nunca, recordar sí porque ayuda a no incurrir en muchas de las cosas en que una falla en el transcurso de la vida.
Yo no he querido olvidar y mi experiencia ha sido muy dolorosa ….” María Salvo, condenada a 30 años por el régimen franquista.

La tragedia silenciada

On 9 enero, 2009, in Política, by Fatima Ramirez
En el Telediario1 de TVE realizan una sección semanal de reportajes que se llaman ¿Te acuerdas?. En el reportaje de hoy cuenta una historia muy muy real que pasó hace 50 años, que se cobró 144 víctimas y ningún culpable.
Ya saben, hay que resignarse


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