Desde que ocurrió el terremoto en Haití no se me van de la cabeza lo que han tenido que vivir y lo que están viviendo todos los haitianos y haitianas.
El sábado, viendo un especial de Informe Semanal sobre Haití no dejaba de pensar que nunca seremos capaces de entender ni sabremos que es lo que allí, en Haití, está pasando.
Un país con una historia dura, un país lleno de luchadores, luchadoras y, sobre todo, supervivientes.
Los haitianos y haitianas han sido constantemente golpeados por la corrupción, la dictadura o la naturaleza pero ahí siguen, siguen sobreviviendo.
Ayer lei un post de Elena Valenciano con el que me sentí muy identificada. Tiene la rabia, la indignación y la impotencia de saber que lo que allí está pasando es duro, es inimaginable e inenarrable, como le ocurre a los periodistas que allí están.
Ese post sólo puedo compartirlo, compartirlo para que entre todos gritemos que Haití necesita ayuda pero no sólo para la supervivencia de sus gentes y para ser reconstruido, sino necesita que cooperemos con ellos para que, de una vez por todas, puedan tener un Estado que no los traicione y que les dé más seguridad.
La noche del terremoto en Haití y la siguiente no pude dormir. Como mucha gente, tenía metida en la retina el sufrimiento de ese pueblo. Y me desesperaba pensar lo poco que hago para luchar contra la fatal injusticia que es la pobreza.
Conocí Haití, pero aprendí a quererlo, como tantas otras realidades, a través de los ojazos y el trabajo de mi hermana pequeña, Marta. Es veterinaria y epidemióloga y siempre estuvo comprometida con la tarea científica a favor del desarrollo. Con ella y con Paloma -mi otra hermana- conocí Haití y a su gente. Cuando Marta se casó, hicimos tod@s una colecta para comprar vacas para las mujeres haitianas y estas noches me acordaba de ellas.
Durante mis insomnios no se me ocurría nada peor que lo que estaban viviendo los haitianos. El comentario de Munilla en la SER me pareció infame. Por eso, al levantarme muy temprano el viernes, escribí ese post que me salió, esta vez sí, del alma.
Las palabras de Munilla no son inocentes, no son sólo una torpeza. Traducen el absurdo pensamiento de la jerarquía católica española, alejada del sufrimiento de la gente y de su realidad. ¿¿¿Qué es peor la pobreza espiritual que la muerte de tanta gente inocente???? Y, acompañando esa cruel reflexión sus opiniones “oficiales” que machacan a los pueblos más dependientes y desasistidos: no al preservativo, no a las políticas de salud y sexualidad, no a la liberación de las mujeres, no al pensamiento laico, no a la iglesia de base ni a la teología de la liberación… Sí a la resignación cristiana para los pobres porque Dios les compensará en el otro mundo, etc.
Por eso me indignó lo que dijo, porque conecta con el mensaje más terrible de la Iglesia católica. Por que él es uno de los representantes de lo peor de esa Iglesia. Muchas veces les escucho, lo pienso, y me callo, pero esa mañana no lo pude soportar. Y esa es la historia del anterior post que tanta polvareda ha levantado.
Ayuda a Haití: Help Haití


Elena Valenciano, Munilla y Haití http://bit.ly/6Gh50f
RT @bramosv RT @Mernissi: En el Blog: Elena Valenciano, Munilla y Haití: Desde el terremoto en Haití no se … http://bit.ly/6mxsWs
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Haití necesita ayuda ante el terremoto, pero necesita sobre todo justicia. Su historia de gobiernos corruptos la conocen bien en muchos países empobrecidos y no es una coincidencia casual. Para mantener la desigualdad sobre la que se asienta el modelo de desarrollo hacen falta ‘Haitís’.
¿Crees que eres la única persona q lo siente, q lo tiene en la cabeza? Lee…: Elena Valenciano, Munilla y Haití http://bit.ly/6Gh50f
Elena Valenciano, Munilla y Haití http://www.fatimaramirez.com/2010/01/elena-valenciano-haiti/ <<< Mal librada sale la Iglesia Católica
El sufrimiento del pueblo de Haití es enorme, cruel incluso, y agravado por la indiferencia de todos nosotros. La despreocupación espiritual, moral, ideológica… de todos nosotros ha permitido que vivan en la pobreza extrema. Ahora nos rasgamos las vestiduras por unas palabras inoportunas. Ello nos permite echar balones fuera para no oír nuestra culpabilidad. Lo peor es que seguiremos sin hacer nada por otros pueblos pobres, marginados, olvidados por nuestras vanas discusiones.
Ojalá seamos capaces de escribir la mitad de lo escrito por esas innecesarias palabras a nuestros políticos para que cuando deje de ser noticia Haití se olviden de nuevo de ellos y de otros países.
Información Bitacoras.com…
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